Desde la neurociencia, se sabe que la lectura de cuentos es una de las actividades más poderosas para el desarrollo del cerebro infantil. Cuando un niño escucha o lee una historia, se activan múltiples áreas cerebrales al mismo tiempo, como las encargadas del lenguaje, la atención, la memoria, la imaginación y las emociones. Esto significa que la lectura no solo entretiene, sino que fortalece conexiones neuronales esenciales para el aprendizaje.
Durante la infancia, especialmente entre los 6 y 8 años, el cerebro está en una etapa de gran plasticidad. Esto quiere decir que las experiencias que viven los niños —como escuchar historias, predecir lo que pasará, identificar personajes o imaginar mundos nuevos— ayudan a crear y reforzar circuitos neuronales relacionados con la comprensión, la regulación emocional y el pensamiento crítico.
Además, la lectura de cuentos favorece el desarrollo del lenguaje, ampliando el vocabulario y mejorando la capacidad de comprender y expresar ideas. También estimula la empatía, ya que al conocer diferentes personajes y emociones, los niños aprenden a ponerse en el lugar del otro.
En pocas palabras: leer cuentos no solo forma lectores, forma cerebros más fuertes, curiosos y preparados para aprender.